
Mi vida está escandalosamente ligada, atada y asfixiada por la gran presencia de un ser humano que parece haberme reducido a su sombra, o más bien, soy yo la que gozosa renuncia a su individualidad para fusionarse con otro, a quien por cierto no le importo ni un bledo (obviamente hablo de
Mr. E) Pero es así como tratando de huir de esta inevitable fusión que me asfixia, vuelvo a donde he partido.
Hace dos años, por sugerencia tuya, comencé a leer el libro de una película que habías visto. Como soy tan constante como las lluvias en el desierto, jamás lo terminé. El libro en cuestión era
La Pianista de la autora Austríaca
Elfriede Jelinek, que también tiene película (y que tú habías visto fascinado). Cómo ahora te tengo lejísimos y recuperarte es imposible me pongo a hacer todo lo que nunca terminé de hacer cuando estaba contigo, como para acabar tu asunto de una buena vez. Así que mientras estaba furtivamente - para no toparme contigo - en esa biblioteca pública que ahora es tu centro de operaciones y nidito de amor traidor, vi el libro y con una mezcla de odio, amor e ironía lo tome de la estantería y lo traje a mi hogar, dulce hogar. Dos años es mucho tiempo para una mente frágil como la mía, así que tuve que leerlo por completo desde el principio. Pero esta vez las condiciones eran diferentes. Me sentía yo angustiada y amenazada por un fantasma invisible y entre más leía, más te recordaba, y entre más te recordaba, más trataba con avidez de hundir mis ojos en esas letras, hasta llenarlos de tinta. Y así pasaron los días, las horas, los minutos, los segundos...
Y ese libro fue devorado y vomitado. Su contenido era demasiado desgarrador.
Conocí ahí a Erika Kohut (y me hizo cuestionar el cuanto te conocía - que ya comprobé era bien poco - como para que te fascinara algo como lo que leí) Esa mujer que nadie es, pero que en el fondo todos tenemos oculta: Reprimida, traumatizada por una madre infernal, obligada a ser algo que nunca deseo ser (pianista) y con tanta presión dentro de su pequeño cuerpo que empezaba a escaparse por todos sus poros en forma de bizarras desviaciones (tanto emocionales, psíquicas como sexuales) De todo el crudo relato que leí (con una impresionante prosa que era como un gran combo en la nariz y a toda velocidad) sobre las enfermizas relaciones de dependencia que se dan entre los seres humanos me impresionó - más que las escenas de sexo, violencia y dominación - fue el hecho de que a medida que Erika iba desprendiéndose de su autoengaño, descubría que lo que había soñado para sí no era lo que realmente quería, si no más bien era lo más cómodo que su cerebro había podido formular. Todas las perversidades sadomasoquistas que tenía metidas en la cabeza era sólo producto del miedo que tenía a abandonar el único universo que había conocido, pero realmente lo único que ella deseaba era... amor (y sin dolor)
Luego de cerrar el libro ante mis ojos y pestañear, me doy cuenta de dos cosas: Han pasado muchas horas y ya comienza a amanecer y entiendo porque le gustaba tanto Erika Kohut a Mr. E, simplemente era él reflejado, él contenido en el cuerpo de una inexistente mujer hecha de palabras. Muy pero muy tarde entendí tu mensaje Mr E. tú al igual que ella sólo conocias esa frialdad con la que te desenvolvías por el mundo con orgullo, pero en el fondo lo único que querías era mucho calor para derretirte. Yo traté de derretirte pero ante tu negativa, pensé que era mejor dejarte helado. Craso error.
Esta revelación me hizo tirar de las hojas del libro como si se tratará de un monstruo que hay que eliminar aunque ya era demasiado tarde. Intenté lamentarme, pero mis lamentos en nada conseguirian alterar el curso de la historia, por lo que desistí y mientras miraba la portada de ese libro pensaba en la soledad de Erika, en la golpiza que le había dado
su amor para satisfacer los falsos deseos de ella, en la total desvinculación con el mundo que la rodeaba... y me dí cuenta que exageraba. Quizás la novela sólo te gustaba porque una mujer tocaba piano, nombraba a muchos compositores de tu agrado y además tenía la mirada dura (si no me creen miren la fotografía al inicio de esta entrada de la actriz que encarna el personaje) no porque te sintieras igual de vulnerado que ella...
Así que tome el libro nuevamente, miré bien fijo en la portada el rostro de Erika y pensé:
Siempre te recordaré Erika, todo el que no dice lo que realmente sueña y desea termina recibiendo una paliza...Apagé la luz y aunque ya salía la luz del sol, cerré los ojos y sonreí para mí y para el techo y soñé con el día en que Mr E. recibiría una paliza (metafórica por cierto, pues aunque contraté matones después de descubrir su infidelidad nunca los usé) por no reconocer realmente lo que desea.
Yo ya he recibido la mía.