La mujer perfecta hace literatura como si cometiese un pequeño pecado: A título de tentativa, de paso, mirando en torno por si alguno la observa, y para que alguno la
observe...Friedrich Nietzsche - El ocaso de los ídolos, pág. 29
No sé porque revisando mi literatura hogareña de pronto tengo repletos de libros de Nietzsche, cuando siempre he sido una fiel partidaria de nunca comprar ni acabar completo un libro de filosofía y sapiensias tan mentalmente elevadas para mi mente profana. Más encima nunca estoy de acuerdo con ellos... o al menos no del todo. Quizás en parte, quizás en alguna frasesita a lo más. Una frasesita como ésta por ejemplo.
Me gusta la idea de hacer literatura como pecado, como mirando de reojo al mundo para que nadie se percate, pero alguien quiera mirar... Es que amo la literatura, más que a nada en el mundo.... aunque para ser sincera me enamoré de alguien y como soy mujer fiel y de un sólo amor abandoné la literatura. Ahora recuerdo que él me regalaba me regalaba los libros de Nietzsche porque le tenía envidia y mala a la prosa, es que según su punto de vista, sólo era para entretener y atontar nuestros productivos cerebros pues lo único que merecía la pena ser leído era la filosofía de los grandes alemanes, las ciencias físicas, las cosas elaboradas y sabias para que aprendiera algo me decia él. Pues no aprendí nada con su Nietzsche ni con otros que ya no supiera en un lenguaje más simple y primordial. Pasó que un tiempo después él se marchó llevando consigo todas sus promesas de falso amor y todos sus filósofos alemanes (aunque ólvido algunos o los dejó a propósito - no lo sé - en mi casa) dejandome guacha. Como la literatura no es celosa y su amor es por siempre de verdad... Vino - a pesar de haberla engañado así - me tendió la mano.
Se lo agradezco tanto... porque podría quedarme sin oidos para escuchar las maravillosas suites de Bach o las increibles sonatas de Beethoven, pero si perdiera mis dos ojos, si no pudiera ver más las enmarañadas curvas de las letras que pretende seducir mi débil alma... Ese día sin duda mi vida perdería el poco sentido que aún le queda. Ese día sin duda me quedaría realmente sin amor.
Yo quiero hacer literatura. Yo quiero escribir. Es tan fascinante. Me gusta vivir en pecado, vivir en secreto pero que todo el mundo lo sepa igual, vivir contando para hacerlo real y fantasearlo para vivirlo. Definitivamente sin los libros... Me habría muerto de soledad, de engaño, de tristeza.
Gracias a todos los que escriben (gracias también a los áboles que aunque me encantan vivos y verdes, tambien me encanta pasarle los dedos húmedos cuando son amarillentas hojas de papel), algún día también les escribiré, no para que me lean, si no para agradecerles.
Por cierto yo ya encontré aquella mujer perfecta, que escribe como si pecara mil veces en cada palabra: Elfriede Jelinek. Leála le agradará al mismo tiempo que lo perturba. No se arrepentirá
Me gusta la idea de hacer literatura como pecado, como mirando de reojo al mundo para que nadie se percate, pero alguien quiera mirar... Es que amo la literatura, más que a nada en el mundo.... aunque para ser sincera me enamoré de alguien y como soy mujer fiel y de un sólo amor abandoné la literatura. Ahora recuerdo que él me regalaba me regalaba los libros de Nietzsche porque le tenía envidia y mala a la prosa, es que según su punto de vista, sólo era para entretener y atontar nuestros productivos cerebros pues lo único que merecía la pena ser leído era la filosofía de los grandes alemanes, las ciencias físicas, las cosas elaboradas y sabias para que aprendiera algo me decia él. Pues no aprendí nada con su Nietzsche ni con otros que ya no supiera en un lenguaje más simple y primordial. Pasó que un tiempo después él se marchó llevando consigo todas sus promesas de falso amor y todos sus filósofos alemanes (aunque ólvido algunos o los dejó a propósito - no lo sé - en mi casa) dejandome guacha. Como la literatura no es celosa y su amor es por siempre de verdad... Vino - a pesar de haberla engañado así - me tendió la mano.
Se lo agradezco tanto... porque podría quedarme sin oidos para escuchar las maravillosas suites de Bach o las increibles sonatas de Beethoven, pero si perdiera mis dos ojos, si no pudiera ver más las enmarañadas curvas de las letras que pretende seducir mi débil alma... Ese día sin duda mi vida perdería el poco sentido que aún le queda. Ese día sin duda me quedaría realmente sin amor.
Yo quiero hacer literatura. Yo quiero escribir. Es tan fascinante. Me gusta vivir en pecado, vivir en secreto pero que todo el mundo lo sepa igual, vivir contando para hacerlo real y fantasearlo para vivirlo. Definitivamente sin los libros... Me habría muerto de soledad, de engaño, de tristeza.
Gracias a todos los que escriben (gracias también a los áboles que aunque me encantan vivos y verdes, tambien me encanta pasarle los dedos húmedos cuando son amarillentas hojas de papel), algún día también les escribiré, no para que me lean, si no para agradecerles.
Por cierto yo ya encontré aquella mujer perfecta, que escribe como si pecara mil veces en cada palabra: Elfriede Jelinek. Leála le agradará al mismo tiempo que lo perturba. No se arrepentirá

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