Es Noviembre, sale el sol, ha llegado la maldita primavera... Pero es la primera vez que no me parece maldita. De hecho, es la primera primavera de toda mi vida (uuh si po unos largabíos 20 años) en que la salida del sol, el trino de los pájaros y los trazos de polen volando por el aire encienden en mi la alegría, la paz y el fuego de la vida. Nunca me ha gustado la primavera. Me hacia sentir demasiado fea, demasiado oscura, demasiado marchita ante tantos botones que se hacian flor. Esta vez la primavera (que para mí tiene los sonidos de un piano) me hace esbozar más de una sonrisa cuando al pasar me canta un pájaro, cuando al pasar huelo una flor.
Y tal como por primera vez me alegra la alegría primaveral, siento sus efectos en todas partes. Se ha apoderado de mi la pasión primaveral, en el preciso momento en que no tengo con quien apasionarme. Es primera vez que me sucede, supongo que será algún efecto residual de una adolescencia que se fue, o quizás simplemente en el fondo de mi alma descansa la envidia (de esa que aflora sólo en primavera) de ver, oler y sentir como otros - ligeros de ropa por tanto calor - se aman.
Estas más acumulá que el kino, me dijo alguien por ahí haciendo alusión a mi nueva afición de tener ese deseo tan humano de querer sentir el calor de otro humano. Claro que no le respondí yo, porque una dama jamás debe reconocer que tiene deseos sexuales (aunque más bien creo que sólo me alcanza para eróticos) una dama debe ser suave como la seda e incorruptible como el acero (aunque quienes me conocen concluyan que yo no soy muy damisela) por lo que deseos y pensamientos como esos corrompen su temple. Y bueno si, creo que la primavera tiene sobre-estimulados mis sentidos, casi saturados de tanto olor, sabor, sonido, no es que esté acumulada, pues tiendo a no acumular cosas que no puedo controlar, si no más bien creo que la repentina soledad a la que me encuentro sometida me ha hecho caer en cuenta por primera vez de lo que tenía: Una piel que recorrer, unos labios que mojar, un cerebro que estrujar.
Supongo que lo echaré de menos por mucho tiempo. Aunque pensándolo bien, la primavera solo dura tres meses.
Y tal como por primera vez me alegra la alegría primaveral, siento sus efectos en todas partes. Se ha apoderado de mi la pasión primaveral, en el preciso momento en que no tengo con quien apasionarme. Es primera vez que me sucede, supongo que será algún efecto residual de una adolescencia que se fue, o quizás simplemente en el fondo de mi alma descansa la envidia (de esa que aflora sólo en primavera) de ver, oler y sentir como otros - ligeros de ropa por tanto calor - se aman.
Estas más acumulá que el kino, me dijo alguien por ahí haciendo alusión a mi nueva afición de tener ese deseo tan humano de querer sentir el calor de otro humano. Claro que no le respondí yo, porque una dama jamás debe reconocer que tiene deseos sexuales (aunque más bien creo que sólo me alcanza para eróticos) una dama debe ser suave como la seda e incorruptible como el acero (aunque quienes me conocen concluyan que yo no soy muy damisela) por lo que deseos y pensamientos como esos corrompen su temple. Y bueno si, creo que la primavera tiene sobre-estimulados mis sentidos, casi saturados de tanto olor, sabor, sonido, no es que esté acumulada, pues tiendo a no acumular cosas que no puedo controlar, si no más bien creo que la repentina soledad a la que me encuentro sometida me ha hecho caer en cuenta por primera vez de lo que tenía: Una piel que recorrer, unos labios que mojar, un cerebro que estrujar.
Supongo que lo echaré de menos por mucho tiempo. Aunque pensándolo bien, la primavera solo dura tres meses.

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